
LA ESCRITURA
Hace años que releo una carta que habla sólo de pintura, pero no puedo evitar leerla como si se tratara de un poema.
Trabajaba con escritores en ese tiempo y aún no había visitado las obras de Van Gogh, conocía poco y nada de pintura, pero en verdad no se trataba de conocimiento porque el arte tiene alma y eso sólo es de encuentro.
Y sobre un escritorio alguien olvidó una pequeña revista que guardaba en su interior una carta llena de emoción y aliento hacia la obra de Capristo. Descubrí para siempre mi sensación al escribir.
Despertó tantas imágenes en mí que por momentos tengo la viva impresión de haber escrito en detalle sobre sus pinturas. Me han dado ganas de vivir entre las palabras de sus playas.
He quedado frente a ese poema como frente a un descubrimiento. ¡La pintura está en los bordes! Veo esos anímicos destellos de colores a través de las ventanas de los cafés del centro.
Sucede como con los sueños, la imagen se vuelve adivinación y se presenta al alma como un desorden poético de formas. Y como no sé pintar más que en duermevela, cada vez que leo esa carta, vago por mis calles sólo para ver.

